Señor "S", la verdadera historia

El señor “S” se pasaba el día en el Bar de la esquina.
Más que señor era un chico. En realidad más que un chico era un niño de 35 años (aunque a mí me dijo 38 para impresionarme...)
Es atractivo, es alto, es fuerte. Moreno de piel y cabello, presumido, ojos profundos. Le falla un poco la sonrisa, no se puede tener todo.

Pero lo que más me atraía era sus labios, unos labios de negro mestizo, carnosos.
Unos morritos que no se por qué me sugerían que era un guarro y un vicioso de los que a mí me gustan.
Se puede decir que era mi tipo.
No sabía de donde era. tenía unos rasgos que podían encajar más o menos en cualquier origen. Y más aquí en Valencia, que hemos perdido todas las guerras y nos han conquistado gentes de todas partes y colores. Y nos han violado o desposado o ambas cosas nuestros conquistadores una y otra vez, regalándonos su carga genética y un rico mestizaje a lo largo de siglos.
Y allí estaba, día tras día, en su ventanita, con su café y su cigarro.
Yo me encontraba en un momento de esos de la vida en el que te sientes bien pero al mismo tiempo descubres, como si fuera una revelación tardía, que tu tiempo en la Tierra es limitado y me había entrado la urgencia de hacer todas las locuras que no me había atrevido a hacer en mi juventud.
Y ahora tenía el viento a favor.
Mi cuerpo maltratado se había recuperado bastante de los palos de la vida. Me había reconvertido en una MILF atractiva, tenía la edad y las tablas suficientes para saber lo que quería e ir a por ello.
Y qué quería yo en ese momento de plenitud física y espiritual? Un visón? No, yo quería hacer un TRÍO.
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Mi viento a favor lo completaba mi marido, el que llegaría a convertirse en mi esclavo más amado se había empeñado en que realizara todas y cada una de mis fantasías más ocultas. Era mi guía y mentor en la vida.
A él sin duda le debo el poder decir, a día de hoy, que "hay cosas que nadie me tiene que contar". Entre ellas la doble penetración, con mi negrazo en el coño y mi marido en el culo ya no es una imagen de película porno ajena.
Mi perspectiva, mi cámara , está entre sus dos cuerpos sudorosos, pero esa es otra historia.

En ese momento (no hace tanto) empezaba a ver un trío como una posibilidad real. Había tenido algunos contactos en Internet y no llegaba a atreverme. El paso de virtual a real era demasiado brusco, 2 ataques de pánico en el último momento me habían hecho retrasarlo demasiado. Pero con S era distinto, hacía un año que me piropeaba al pasar. No tenía que preguntarme si sería físicamente como en las fotos, si era alto, si yo le gustaría, la realidad tiene sus ventajas. Y la desventaja era que tenía que mojarme en directo y poner las cartas sobre la mesa con alguien de mi entorno. Pues nada... con dos cojones y muchos nervios empecé a trabajármelo.
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Yo disponía de información privilegiada sobre los sentimientos de los tíos gracias a mi marido.
El secreto más importante que me confesó fue decirme qué quieren los tíos. Un secreto que guardan profundamente,  adornado con flores, sonrisas, largos cafés o cenas románticas y que a veces logran ocultar con amistad. Los tíos lo que quieren es FOLLAR y sobretodo contarlo, presumir y alardear. Sencillo, simple, triste... La información es poder y con ese secreto a voces confirmado empecé a sentirme poderosa.
 
Yo tenía lo que ellos querían por lo que yo decidía quien,  cuando y donde.
Y comencé sonriéndole al pasar, volviendo la cabeza antes de doblar la esquina, a mirarle mientras tomaba algo en la mesa de al lado, un coqueteo normal y corriente y bastante burdo. Mi intención era encelarle y cuando sus ganas de meter fueran irrefrenables proponerle mi pequeña perversión.

También tenía 4 premisas:

1- Lo imprevisto : No des por hecho nada.
2- El imperativo: Yo mando.
3- Nunca te justifiques.
4- El primero que habla pierde.

Iba a ser tan fácil que llegué a sentir compasión por mi presa. Pero eso no la iba a salvar
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Y empezó la historia interminable. Sonrisas , miradas, "guapa" paquí, "guapa" pallá. El tío disparaba a todo lo que se movía, cosa que no me molestaba pero llegado el momento se iba a enterar.
Él por supuesto pensaba que mi marido era ajeno a nuestros coqueteos y que además no se enteraba así que cuando iba con él no se acercaba, pero en cuanto me quedaba sola intentaba un tímido acercamiento. Que a plena luz del día  y enfrente de mi casa yo siempre esquivaba.
Cuando la historia empezaba a enquistarse y parecía que iba a quedarse en nada, le rocé con el codo al pasar. Pude sentir un escalofrío en su espalda..
Y al día siguiente le volví a encontrar en la barra al ir a pagar, y mientras le sonreía se lanzó.
- Ufff.... guapa... que calor no? jajajajajajja me meaba.
Entre la camarera de toda la vida enfrente y las madres de mis amigas marujeando detrás, se las apaño para insinuarse y darme una servilleta rota con su número de teléfono apuntado.
Tardé dos semanas en mandarle el primer mensaje. Para mí era como un punto de no retorno y me lo pensé bastante.
Pero bueno empecé con un "Hace muchos días que no te veo" y al tercer whatsap le dejé caer mis intenciones como un jarro de agua fría.

- Me gustaría mucho que me follases mientras le como la polla a mi marido.
- Ah si? jjjj

Vaya... yo esperaba un arrebato en plan: Vale puta! pero en vez de follarte te voy a dar por culo. Pero mi S no iba en esa línea...
Al cabo de tres whatsaps más:
- Lo que más me pone es comeros la polla a la vez y que me vayan cayendo las 2 leches por el cuello...
- Ah si.....?

Iba a ser más complicado de lo que esperaba. después de varios días quedé con él, le dije que me esperase en el portal porque le iba a hacer una proposición y quería decírsela al oído.
Yo venía de trabajar 11 horas y encima me había caído y llevaba el brazo y el muslo arañados (putos tacones y puto seto).
Apareció muy guapo, con un polo rosa y bermudas blancos, gomina y colonia a borbotones y chicle de menta.
Por un momento me sentí en plena adolescencia .
En cuanto entró al portal se me abalanzó con los brazos abiertos diciendo:
- Cómo te he echado de menos! Cómo me gustas!!
A me dió un ataque de risa y para hacerle callar empecé a morrearle. Me lo llevé a un rincón y mientras le sobaba la polla por encima del pantalón le dije al oído:
-Quiero que vengas un día y me folléis mi marido y tu a la vez.
- No... tú y yo solos...
- Es mi fantasía, me vas a ayudar o no?
- Lo que tu quieras...
Esas palabras empezaban a sonar demasiado dulces en mi cabeza, pero aún no sabía el por qué.
Le hice escupir el chicle en mi mano y seguí morreándole. El bulto de su pantalón iba a más, yo llevaba un tanga mínimo y deslizó su mano bajo mi falda acariciando mi culo suavemente.
Creo que de haberme quedado un poco más me lo hubiera follado allí mismo en la escalera. Pero ese no era el trato.
Me fui dejándolo allí con su erección.
- Y ahora que hago?
Con el pantalón blanco de lino eso cantaba que no veas.
- Ya te apañaras.- Y me subí riéndome.

Abrí la puerta, mi marido me esperaba en el salón.
- Tengo saliva de moro en mi boca.
- Puta, ponte a 4 patas.- dijo bajándose la bragueta.
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... Una vez pagada mi agradable penitencia y cuando ya empezaba a buscar día y hora para cumplir por fin mi fantasía, se cumplió una de mis premisas. Lo imprevisto. S dijo NO. Aunque bien pensado era previsible si tenemos en cuenta el "efecto calentón".
El "efecto calentón", también llamado "vorágine del momento",  te lleva a hacer y decir cosas en contra de tu voluntad (al menos la consciente). En múltiples ocasiones he encontrado manifestaciones de éste curioso efecto.
- Eres bi?
- No, pero en la vorágine del momento me he comido alguna polla.


Y pasado el efecto calentón del portal, S dijo NO.
Empezó de nuevo el cansino tira y afloja.
Intentó convencerme de un primer encuentro a solas.
Intentó quejarse por mi falta de negociación.
Intentó conquistarme llenando mi portal de globos.
Intentó ponerse duro y decirme adiós para siempre.
Yo le calentaba poniendo fotos picantes en el perfil y estados directos, guarros y muy vulgares.
Por fin un día me puse sería :
S, ahora en serio ya,  me gustaría que entendieras la situación.
Yo estoy muy enamorada de mi marido,  sexualmente estoy muy satisfecha,  muy mucho.
Lo que pasa es que tengo una fantasía y la quiero hacer,  y te vi tan lanzado que pensé que te podía interesar.
También me pareciste más mayor,  ahora que te he visto más de cerca creo que igual eres muy joven para estos juegos.
- Tengo casi 38. - con esta frase perdió toda su determinación.
- Entonces.. Esto es lo que me interesa, si no te apetece lo entiendo y no pasa nada pero no estoy buscando amante. Quería dejarlo claro porque aunque es divertido no quiero liarte...
Tocado y hundido,él solito se fue metiendo en la boca del lobo.  Tenía unas ganas locas de follarme y en cuatro frases renunció a todos sus tabúes y principios.
- Si me gusta tu polla te la voy a comer de cojones.
- Yo quiero metertela por detrás -dijo.
- Te vas a hartar..

Y llegó el día. Me había vestido elegante, me gusta el contraste señora/puta. Llamó al timbre a la hora prevista, tenía en la cara esa expresión de excitación mezclada con susto. Se sentó en el sofá y charlamos un momento (no recuerdo de qué). Y al primer silencio incómodo mi marido rompió el hielo, para algo era el mayor...
- Nena quieres hacerlo?
Sin pensar y sonriendo digo si.
- Y tu?  - pregunta al corneador.
Responde sí.
Y por fin empieza el juego. Mi marido me quita el vestido y empieza a sobarme de pie mientras a S lo tengo enfrente sentado en el sofá.  Me acerco y me besa el ombligo y se entretiene por ahí.  No tengo ni puta idea de lo que hace,  creo que quiere comerme el coño pero no se atreve,  está acojonado es más.
Mientras el cabrón de Casa ya ha empezado a hacer de las suyas y me está pajeando con dos dedos en el coño,  como siga así me corro en 10 segundos...
Pero ya me he cansado de besitos en la barriga y levanto a S y me pongo a morrearle,  vamos a ver como va de polla..
Bueno..  Meto la mano bajo el pantalón y me encuentro una polla bastante a mi gusto,  buen capullo,  no muy grande,  bien dura.
Mi marido sigue con la paja como sólo él sabe y hace que me corra en un minuto con la lengua del moro en la garganta.
Entonces, me da un condón,  se lo pongo y cogiéndome del pelo me amorra a su polla ofreciéndole el coño al invitado que aún no se cree lo que está pasando.
Yo con toda la polla de mi marido en la boca estoy emocionada, por fin me van a follar mientras se la como.  Y se la como como nunca,  quiero que este orgulloso de su puta.

Por fin empieza a follarme.. Poco ritmo... 4 empeñones y el Toro se viene abajo.  Joder,  no se si reirme o llorar, tantas pajas me había dado pensando en este momento y ahora esto...  sugiero ir a la cama para estar más cómodos y tumbamos al tío boca arriba y yo me quedo a 4 patas en el borde de la cama para que mi marido pueda follarme y encularme, lo que le de la gana.
Mientras vuelvo a empalmarle a base de mamada y comerle los huevos.  Entre tanto mi marido ya me está metiendo la polla en el culo hasta los cojones y me vuelvo a correr,  está vez en lugar de lengua tengo polla de moro en la garganta.
Entonces decido montarle, últimamente me muevo de una forma,  adelante y hacia atrás que a mi hombre le vuelve loco y empezamos bien pero al poco rato noto que flojea.  La ostia! Cuanto más presumen...
Mi marido se apiada de él y me susurra al oído que me corra.  Y me corro,  aunque con los últimos movimientos se le sale la polla y termino de correrme restregándome contra ella.
Al final tengo que pajearle para que se corra él y asombrosamente parece convencido de que ha quedado de puta madre y a mi me genera un sentimiento de ternura y desprecio que me inquieta. Aquí es donde suelen terminar los relatos eróticos, pero como es la verdadera historia me veo en la obligación de contar qué pasa después del "y fueron felices".
A medio vestir volvimos al sofá, tomamos un café. Era mi primera vez y yo no sabía muy bien que hacer pasado el polvo. Normalmente pasado el polvo yo me engancho, entrelazo piernas, brazos, me fundo con mi parteneur, pero claro... no era la misma situación que "normalmente". Más tarde descubriría que hay dos tipos de cabrones, los que se van corriendo y los que no hay manera de que se vayan, S era uno de los últimos.
Y también es uno de los que hablan sin parar, mientras nos está contando su vida sentado en el sofá , mi marido se levanta. Le veo esa mirada de cabrón en los ojos... Me he percatado durante todo el polvo que no se ha corrido, para él no han sido más que los preliminares. Empieza follándome la boca, S  mirando al frente (Por Dios! No se anima pero no se va!), luego sigue con   el culo y encima va narrando lo que hace. Mientras empeña me pregunto que estará haciendo S que ha quedado a mi espalda. Nada, mira al frente
El pobre se queda acojonado con el espectáculo hasta que amablemente le echamos.  Decido convertirle en mi esclavo y quitarle las vergüenzas. Continua el juego.
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El Mercadillo

Ya ha pasado el verano y no dejo de pensar en el puto moro. Aquí estoy tirada en el sofá, en uno de mis pocos momentos de relajación y tranquilidad y se me viene a la cabeza una y otra vez el día que de rebote me encontré en el mercadillo comprándole camisetas, y como al ir a pagarle y como si fuera lo más normal del mundo se puso a jugar con la bolsa y me propuso ir a la parte de atrás a seguir jugando...

Y es que no hay cosa que me resulte más irresistible que un sinvergüenza, seguro de sí mismo y salido.

Me veo a mi misma rebuscando en la ropa y el moro se acerca a ayudarme, a decirme que busque por aquí o por allá. Yo cambiando de montón aprovecho para pasarle el culo por la polla, porque me tengo que inclinar y estirar un poco para llegar donde quiero. Entonces el ya se arrima y me dice que en la furgoneta tiene los especiales. Y yo me hago un poco la boba pero le miro la polla y me dice vamos ?

Ese día voy sola, el segundo restregón me ha sugerido una polla mediana ideal para cualquier agujero, el tío sube a la furgoneta, esta despejada y al fondo hay algunas cajas apiladas. Se pone a rebuscar y de repente me hace un gesto para que suba y yo sin mirarle me inclino sobre las cajas. Me levanta la falda y cuando va a meterme la polla me levanto y sonriendo le digo con el dedito que no y acto seguido me pongo en cuclillas y empiezo a comerle la polla.

Tiene la polla muy dura, empieza a salirle líquido, creo que va a correrse y paro me levanto, me apoyo un poco en las cajas y abro un poco las piernas para que me coma el coño. La puerta está abierta, a veces pasa alguna señora pero no mira y el cabrón empieza a follarme con la lengua y a dar lengüetazos en el clítoris y hace que me corra en un minuto.

Así que acaloradita me pongo a pajearle, con la polla cerca de mi coño, de vez en cuando se la restriego por el coño que está empapado y enseguida se corre con un huevo de leche, se me queda por fuera del coño y por los muslos. Me subo las bragas, me bajo la falda y antes de irme le digo al oído al moro sudoroso y con la polla aún fuera: si quieres follarme tiene que venir mi marido.

Y paso un tiempo.

Llevaba tres semanas sin aparecer por el mercadillo y en cuanto me vio el moro cabrón dio un respingo. Yo, ya con cierta familiaridad me fui directamente a preguntarle si tenía algo nuevo y le hable despistada sobre la ropa pero por el bulto de su pantalón el tío ya estaba empalmado y a punto de saltar. Le dije que iba a echar un vistazo y empecé a rebuscar, siempre me llamaba la atención algo que estaba un poco lejos y la faldita se levantaba peligrosamente cada vez que me estiraba a coger algo. El moro no dejaba de mirar mientras cobraba a las señoras, estaba claro que no tardaría en venir. Yo seguía a mi rollo y de vez en cuando le dedicaba una mirada y una sonrisa. Y justo cuando le vi arrancando hacia mi apareció Él que como siempre que nos encontramos me echó mano al culo apretándome contra el y me estampó un beso.

Ahora que había venido mi hombre podía relajarme y dejar que el dominará la situación. Últimamente le había dado porque me follaran todos los cabrones que se pusieran a tiro y ese día no iba a ser distinto.

El moro freno en seco al verlo, yo seguía a mi rollo, Él se acercaba, me apretaba su polla, me tocaba el culo por debajo de la falda y me susurraba al oído lo puta que era. En un momento dado y cuando ya me había puesto muy perraputa, el cabrón apartó el tanga y me metió 2 dedos en el culo y me dijo, te apetece polla de moro puta. Yo mire al moro, con el espectáculo se le marcaba tol paquete

y le dije SI.

Me cogió de la mano, pasó junto al moro y sin decir nada le dio un billete y me llevó de un tirón hacia la furgoneta. Desde luego este hombre mío se enrollaba poco y no perdía el tiempo. Yo aproveche al pasar para rozarle la polla con la mano y mientras subía riéndome le eche la última mirada.

En cuanto subimos se bajó la bragueta y se sacó la polla, me cogió la cabeza y me empujó hacia abajo. Empecé a comerle la polla como si me fuera la vida en ello, y empezó a ponerse dura, y empezó a follarme la boca como tanto le gusta al cabrón. Yo estaba inclinada y el culo en pompa hacia la puerta y de repente alguien me bajo un poco el tanga y de un empeñón me metió la polla. El hijoputa de mi marido le debía haber dado una nota y ahí tenía a alguien empeñando a lo bestia, con cada empujón la polla me tocaba la campanilla y Él estaba encantado con tanta saliva. Imaginaba que era el moro pero en realidad me daba igual, tenía una buena polla en el coño y otra en la boca. El moro me metió el dedo en el culo y empezó a hacerme un metesaca rápido y fuerte  y me corrí, y grite, menos mal que tenía mi polla en la boca. En cuanto notó que me corría mi marido volvió a tomar las riendas, no hay cosa que le ponga más cachondo que una puta corriéndose y yo sabía que la cosa no había terminado. El imbécil del moro había cogido carrerilla y si no paraba se iba a correr en segundos, así que mi marido apartó un momento al moro y me apoyo en las cajas, porque si hay que follar se folla pero cómodos.

Me puso el culo a la altura adecuada, separó las nalgas y dejó caer un buen salivazo, lo repartió con la mano, un dedo, dos dedos, tres. Con la otra mano me pajeaba el coño, yo estaba para correrme de nuevo, le cogí la polla y empecé a pajearle pero no me dejó.

COMO ME

PONE QUE

ME DIGAN

 NO...

Entonces llamó al moro con la mano y le dejó mi culo preparado y a huevo.

El moro metió la polla suavemente en mi culo, yo empecé a pajearme el clítoris y mi hombre se apartó un poco para coger perspectiva, se encendió un cigarro y se pajeó mientras disfrutaba de como enculaban a su perra.

El moro empezaba a coger velocidad, Él no tardaría en actuar.

Tiró el cigarro y se acercó por detrás al moro, este se revolvió un poco pero tenía tantas ganas de correrse en mi culo que le importaba todo una mierda.

Le bajó el pantalón y empezó a encularle con fuerza. Te gusta follarte a mi mujer cabrón?

La puta polla se le puso como una piedra y comenzó a correrse en mi culo como un perro, yo al notar tanta leche, que ya empezaba a caerme por el muslo me corrí inmediatamente mordiéndome el brazo para no gritar.

Y en esas estábamos cuando note que mi hombre pausado paraba de empeñar y se quedaba quieto llenándole de leche el culo al moro.

Estuvimos medio minuto enganchados como los perros. Quietos y sin hablar y después nos recompusimos rápidamente, Antonio me cogió de la manita, me dio un beso en la frente y me ayudó a bajar de la furgoneta. El moro me sujeto un momento del brazo y me devolvió el billete.

                                                                                                      Le había gustado la PUTA.

Las Pilas

Un día me regaló pilas.

Le noté vergonzoso y cauto, sabiendo que pisaba un terreno desconocido, pero algo estaba cambiando en la forma de mirarnos. Le dije que había hecho limpieza de cabeza y de cacharros, así que llevaba un año y medio sin juguetitos.
Y ahí se quedaron una semana tras otra, y se iban acumulando, hasta que un día abrí la bolsa dorada donde siempre tengo mi regalito de bienvenida y ahí estaba, un pedazo de pijo de 20 cm, pedazo de gordo, con pedazo de capullo y pedazo de venas. A partir de ahí la historia cambió.

Abrí los ojos como platos, y como hago siempre ante las novedades empecé con el "no se... Es muy grande... Te has pasado... " pero en realidad lo que tenía eran ganas de metérmelo entero y ponerlo a vibrar como un cabrón.

Siempre me he sentido incómoda al pajearme delante de un tío, parece que los humillas al no conseguir que te corras sólo con su mirada. Pero con ÉL era distinto, me incitaba a tocarme, a meterme dedos, me acompañaba con su mano y no sólo eso, no sólo era "permisivo" sino que le ponía como una moto. Joder...
Que maravilla!

Como era de esperar me pidió que me lo metiera inmediatamente. Lo chupe un poco para ensalivarlo y lo fui introduciendo poquito a poco. Primero el capullo, uuuh era grande joder, luego con ayuda de aceite conseguí meterme poco más de medio. Y ya estaba yo pensando que no me entraba más de aquella monstruosidad cuando el cabrón de mi marido lo puso a vibrar y por mis cojones me lo metí hasta el fondo.
Con tanto aceite se me resbalaba y no podía follarme con el pollón como yo quería y empecé a ponerme nerviosa. Él estaba disfrutando a juzgar por la cara de vicio que ponía, cara que no conocía hasta entonces y que me volvía loca. Se dió cuenta del lío que me estaba armando y cogió el consolador, me lo empujó directo al fondo. Al fondo del saco de nosequé que dice él cuando se pone técnico y pedante.
Con cada metida me llenaba todo el coño, sentía que me llegaba hasta la garganta y subió la vibración que se transmitía hasta los muslos.

Entonces empezó a jugar y a putearme, lo sacó casi entero, dejando el capullo en la entrada del coño y volvía a meterlo hasta el fondo lentamente. Daba vueltas, lo movía de lado y como le pareció que no era suficiente acercó la boca a mi coño y empezó a lamer, chupar, golpear con la lengua, succionar... Mientras su mano iba como por libre y me estaba metiendo el pollón entero y sin sacarlo, metemete una y otra vez.
No podía más le suplique que terminará cogiéndole de la cabeza y apretándole contra el clítoris y entonces se aplicó y me dio esos lametazos directos,  rápidos , sin piedad, sin parar. Con todo el coño ensalivado me corrí con violencia, con cada contracción notaba el pedazo de pijo que tenía dentro y aún me ponía más cachonda.

Paramos, se incorporó y me dio un beso largo con sabor salado. Que bueno... Me puse inquieta al darme cuenta de lo descaradamente egoísta que era lo que acabábamos de hacer, es que ni le había tocado ups... Quería compensarle, comerle entero, montarle, volverle loco. Que quieres? Que te hago?
                                                                                                       Tranquila nena, que luego te follo.